IGLESIA DE SAN NICOLÁS
Definitivamente la obra arquitectónica
cumbre del barroco en Praga es la Iglesia de San Nicolás
que mandaron construir los jesuitas en el antiguo barrio de
Malá Strana (Ciudad Pequeña, en castellano).
Junto con el Colegio Mayor, la Iglesia sitia
la Plaza de Malá Strana. Fue contruida entre los años
de 1673 y 1755 en sustitución de una antigua iglesia
gótica y la obra fue dirigida por el mejor arquitecto
checo del barroco, Krystof Dienzenhofer y hijo Kilián
Ignác. El levantamiento de tal monumento cumplía
la llegada de los jesuitas al Reino de Bohemia, recién
fundada su órden a mediados del siglo XVI, invitados
por el soberano Fernando I de Hamburgo para celebrar su poder
y la victoria sobre los protestantes bohemios que fueron derrotados
en la famosa Batalla de la Montaña Blanca en 1618.
Sin embargo, cuando en el año 1773
el Papa Clemente XIV disuelve la orden jesuita (conocida también
como Compañía de Jesús) gracias a la
controversia de sus estatutos y la negativa de los religiosos
de cambiarlas, la iglesia se convertió en la principal
iglesia parroquial de Malá Strana. De cualquier modo,
su valor artístico sigue siendo el mismo.
Cerca de 1500 metros cuadrados cubren la
inmensa bóveda con frescos inspirados en la vida de
San Nicolás, una de las más grandes de toda
Europa como puede suponerse. El responsable de estas pinturas
fue el artista ilusionista barroco Jan Lukás Kracker,
aunque las pinturas de los 75 metros cuadrados del cimborrio
son de Frantisek Balko. Pero si uno baja la vista de la cúpula
podrá ver también cuatro inmensas esculturas,
a modo de custodio del altar, creadas por el magistral escultor
Ignác Platzer quien también se encargó
de la escultura principal de San Nicolás enchapada
en oro y localizada en el altar mayor.
Interesante es también ver los murales
de las capillas laterales y el presbiterio, pinturas obra
de los barrocos tardíos Frantisek Xaver Palko, Josef
Kramolín, Josef Hager y Josef Redelmayer. En los altares,
el acostumbrado ciclo de la Pasión de Cristo fue obra
de Karel Skréta y del pintor jesuita Ignác Raab.
Fue en esta iglesia, por cierto, donde a
la muerte de Mozart el pueblo praguense le rindiera homenaje
al genio. Como tradición ha quedado el concierto que
se celebra aquí del Réquiem, tradicionalmente
interpretado por la Orquesta Filarmónica Checa en diciembre.
Actualmente, las funciones de la Iglesia
son justamente estas: cumplir con su función litúrgica
y fungir como sala de conciertos gracias a su extraordinaria
acústica. Así que sea por motivos arquitectónicos,
religiosos, pictóricos o musicales, la Iglesia de San
Nicolás es algo digno de verse en su próxima
visita a Praga.
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